MANUFACTURA: La nueva industria textil

Julio 14 2017

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El sector repunta gracias a la tecnología y las nuevas necesidades de la industria, y atrae a un mayor número de ingenieros.

Por Zyanya López

 

Competir con los bajos costos de Asia y el diseño y la calidad de Estados Unidos ha llevado a la industria textil mexicana a usar ciencia y tecnología para crear nuevas telas con valor agregado y que se adapten a los requerimientos del consumidor. Un cambio en la industria que requiere innovación y empieza a interesar a jóvenes estudiantes.

Esto lo demuestra el aumento de 30% en el número de egresados del IPN (250 el último año) y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (22 en 2016), dos de las tres universidades que imparten esta carrera. La tercera, la Politécnica de Huejutla, en Hidalgo, arrancó en 2013 su primera generación con 30 estudiantes.
La apuesta, según María Luisa Castellanos, coordinadora del Colegio de Ingeniería Textil de la BUAP, es la aplicación de nanotecnología para agregar propiedades y facilitar el desarrollo de textiles especializados, como hace AzulSport —marca del Grupo Industrial Cruz Azul—, donde se modifica la naturaleza de los tejidos para fabricar indumentaria deportiva, escolar, hospitalaria e industrial.

La demanda va al alza, asegura Arturo Dianicio, director de la Escuela Superior de Ingeniería Textil (ESIT) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quien dice que los textiles intervenidos son esenciales en la producción nacional de chalecos antibalas, chamarras para motociclistas, equipo para bomberos o el recubrimiento de albercas y llantas, para lograr que soporten toneladas de peso.

“Pasamos de maquilar prendas a desarrollar fibras inteligentes que combaten el cambio climático, aplicaciones tecnológicas para telas, materiales para vestiduras de automóviles y vestimenta enfocada a las necesidades del consumidor”, explica. La pregunta es si los ingenieros textiles cuentan con las habilidades para competir en el mercado global.

“Las universidades estamos formando ingenieros especializados y de alta calidad, por lo que 100% de nuestros alumnos tiene la certeza de conseguir un empleo”, expone Castellanos e indica que compañías como BSN Medical, Skytex y Volkswagen de México “se pelean” por los egresados, que suelen tener dos o tres ofertas de trabajo al terminar sus estudios. La industria automotriz emplea a alrededor de 30% de los egresados de la BUAP. En el sector deportivo se desarrollan tres de cada diez ingenieros textiles.

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Relevo tecnológico
La nanotecnología es la gran apuesta para elevar la competitividad de un sector acostumbrado, hasta hace poco, a la maquila

Inversión en I+D por industria en México
El sector textil es uno de los menos favorecidos en cuanto al gasto que destinan las empresas a innovación.

 

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30%  aumentó el número de egresados del IPN y de la Benemérita Universidad de Puebla.

250,000 pesos invierte Kaltex en cada trainee, en los dos años que dura su programa de formación.

40,000  pesos mensuales puede alcanzar el sueldo, según la firma de recursos humanos Adecco.

 

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Sin embargo, la industria no las tiene todas consigo. Tras analizar 500 CV de recién egresados, Martha González, gerente de Vinculación, Atracción y Desarrollo de Talento Joven de Kaltex, seleccionó a 68 —ocho de ingeniería textil— para formar una generación más del Programa de Trainees de la empresa mexicana dedicada a la manufactura y distribución de hilos, telas, fibras sintéticas y prendas de vestir y para el hogar. La decisión no fue fácil. “En la parte técnica, los ingenieros textiles tienen muchas deficiencias” señala. Terminaron reclutando a químicos o industriales para ocupar sus puestos —29 trainees son de estas dos carreras—. Y ni hablar de las habilidades blandas: “Les damos un diplomado de liderazgo, inteligencia emocional, negociación y coaching, ya que en la aulas no se hace esfuerzo por incluir estas competencias”.

“La industria es dura, y es necesaria gente con liderazgo y que imponga sus ideas”

Pese a esto, Dianicio recomienda generar mejores oportunidades laborales para la industria, que apenas se está volviendo atractiva para los jóvenes. “Queremos que los alumnos se sientan motivados y que haya una mayor interacción de las empresas. Impulsamos un programa en el que pasan 6 semanas, de las 18 que dura el semestre, trabajando en las compañías, lo que les permite adquirir experiencia”, indica. El IPN, como cada cinco años, está adaptando sus planes de estudio para elevar su competitividad.

González forma parte del consejo directivo que discute las mejoras curriculares. “Les sugerí que dotaran a los alumnos de habilidades blandas. La industria textil es muy dura y necesitamos gente con capacidad de liderazgo, que imponga sus ideas”, menciona. Agrega que la clave está en formar profesionales capacitados teóricamente, pero que además transmitan pasión por su carrera.

“Eso falta en las universidades: profesores que transfieran pasión. Podemos elaborar un programa increíble, pero si no tenemos a la gente que desee impulsar la industria, no va a funcionar ningún cambio”, concluye.

 

 

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